AMARGO CAFÉ DE Miguel Ángel Vargas (SOBRE LAS FRANQUICIAS)

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Se les ama o se les odia. Ante los conceptos de negocio de mayor éxito en el mundo esas dos suelen ser las actitudes de la gente. Así pasa con compañías como Starbucks, McDonald’s, Burger King, Microsoft, Coca-Cola, entre otras.

La gran expansión de marcas como la cadena de cafeterías Starbucks sólo tiene una explicación: es un concepto muy valorado por los consumidores. La idea de poder tomar el mismo café, en el mismo ambiente, pero en cualquier parte del mundo, ha hecho que esta compañía cuente ya con 14 mil 396 establecimientos en 42 países.

El reverso de la moneda es el gran odio que generan. Como muestra de esto, basta introducir las palabras Starbucks y hate (odio) en un buscador como Google y ver que arroja un resultado de un millón 980 mil páginas encontradas; o simplemente ver que en la página oficial de esta compañía ( http://www.starbucks.com) existe una sección específica para responder a los rumores generados en contra suya.

En términos económicos, el principal aporte que se les reconoce a estas compañías –que replican un mismo concepto de negocio por doquier– es la generación de empleos. Siguiendo con Starbucks, en el mundo la cadena da trabajo a casi 150 mil personas e incluso fue clasificado por la revista Fortune dentro de los cien mejores lugares para trabajar en Estados Unidos.

Sin embargo, los beneficios mencionados son fácilmente cuestionables, puesto que el crecimiento de estas empresas pudiera ocasionar el fracaso de sus competidores, quienes generalmente son empresas locales de corte familiar. Así pues, la proliferación de Starbucks podría estar ocasionando que pequeñas cafeterías estén siendo cerradas; los empleos que generan, son empleos que otros podrían estár perdiendo.

Incluso se puede decir que este tipo de negocios fomentan la desigualdad económica, ya que la mayoría de las ganancias de los mismos van a las oficinas corporativas, y la aportación económica que estas grandes compañías hacen a sus empleados, sin duda, es menor que el beneficio que obtenían las familias que antes podían operar sus changarros.

Además, el éxito de un modelo único reduce las opciones para los consumidores. ¿Qué pasará cuando haya un Starbucks en cada colonia, después de que cumplan su plan global de siete aperturas diarias por los próximos cuatro años? ¿Qué pasará cuando haya en el mundo 40 mil sucursales como tienen planeado? Quizás será imposible encontrar otro tipo de cafetería que hoy sí existe; alguna de ésas con mayor arraigo local, –como el Palax, el Al o el Nuevo Brasil, en Monterrey; en el D.F. y Guadalajara se podrían mencionar por millares–; de esos lugares en los que quien te sirve el café se sabe tu nombre, que te conoce y te platica, que te ofrece alguna especialidad que sólo ahí puedes encontrar.

Así, que si alguien quiere razones para no simpatizar con estos negocios, no es muy difícil encontrarlas.

mvargasv@mty.milenio.com

FUENTE: http://www.milenio.com/index.php/2007/10/15/134555/

 

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